En el año 1993, mientras Europa se encontraba sumida en una profunda crisis económica, el Consejo Europeo encargó a la Comisión la preparación de un trabajo sobre “La estrategia a largo plazo en pro del crecimiento, la competitividad y el empleo en Europa”. Como respuesta a este encargo, la Comisión, a través de su presidente, J. Delors, presentaría al Consejo Europeo el Libro Blanco “Crecimiento, competitividad y el empleo: retos y pistas para entrar en el siglo XXI” (posteriormente llamado El Libro Blanco de Delors). Aunque había sido acuñado por primera vez en la década de los setenta fue a través de este documento que se daba a conocer, en Europa, el concepto de “Sociedad de la Información”.
En el Libro Blanco se afirma que una de las claves del desarrollo futuro consistirá en apostar decididamente por la “sociedad de la Información”. El mismo también señalaba varios cambios sucedidos en la escena internacional, uno de ellos producido en el terreno tecnológico: una nueva revolución tecnológica esta en marcha, y provoca una veloz mutación de las técnicas, los empleos y las competencias. La economía se esta desmaterializando, al tiempo que se externalizan las actividades productivas, predominando los servicios. En este nuevo escenario, la posesión y circulación de información pasa a ser decisiva.
La irrupción y desarrollo de las nuevas tecnologías están conformando una serie de cambios estructurales, a nivel económico, laboral, social, educativo, político, de relaciones. En definitiva, se está configurando la emergencia de una nueva forma de entender la cultura. En esta coyuntura, la información aparece como el elemento clave, aglutinador, estructurador... de este tipo de sociedad.
Esta "sociedad de la información" se va a definir en relación a mecanismos como la producción, el tratamiento y la distribución de la información. Va a exigir desde un punto de vista técnico, la infraestructura necesaria para su utilización en todos los ámbitos de la economía y de la vida social. Haciendo que muchas de nuestras acciones se conformen en torno a ésta.
Hoy día, en la sociedad en la cual estamos inmersos se nos presenta la información como un elemento accesible, que se puede poseer, que da poder, que da conocimiento. La información se ha convertido en un culto, en un mito, algo que otorga autoridad, ventajas, superioridad, dominio,... Sin embargo, y según muchos expertos, no se considera que la información tenga carácter informativo, por el simple hecho de ser poseída; o de poder ser asimilada por un sujeto. Esta debe ser bien manejada para poder sacarle partida. Por lo que no es coincidencia, que la información haya pasado a ser un bien de consumo en los países mas desarrollados, transformando así los modos de vida de una manera radical.
“Asistimos al nacimiento de una nueva sociedad donde la calidad, la gestión y la velocidad de la información se convierten en factor clave de la competitividad tanto para el conjunto de los oferentes como para los demandantes. Las tecnologías de la información y comunicación condicionan la economía en todas sus etapas”. (Libro Blanco de Delors, pag.99) Por todo ello la información, es controlada por las condiciones del mercado. Éstas determinan por un lado, quienes tienen acceso a ella y por otro, qué o quiénes controlan su creación y su disposición.
Las escuelas, también están envueltas en todo este compendio que caracteriza la sociedad de la información. Por ello, debe atender a las demandas sociales que desde distintos ámbitos se realizan. Una de estas demandas es la educación multimedia, entendiendo como educación multimedia aquella que da un uso de las nuevas tecnologías a los alumnos permitiéndoles conseguir las destrezas y actitudes necesarias para comunicarse utilizando distintos lenguajes y medios, desarrollando su autonomía personal, su pensamiento crítico, que le capacite para desarrollar una adecuada toma de decisiones que nos lleve a construir una sociedad justa e intercultural donde se conviva con las innovaciones que vayan apareciendo.
Pero otra de las transformaciones que están sufriendo las escuelas recae en la actitud que los profesores tienen ante la inclusión de las nuevas tecnologías en el aula. Nos encontramos dos actitudes diferentes:
La pragmática que se caracteriza por la utilización y aceptación de las nuevas tecnologías sin cuestionarlas.
La crítica que acepta las nuevas tecnologías y es consciente de lo que implica comprometiéndose en el análisis de la bondad y conveniencia de los medios para la sociedad procurando no caer en descalificaciones gratuitas que no conllevarían más que a estancamientos, a posiciones vacías y a anular espacio de comunicación y consenso.
Yo personalmente me identifico con la segunda postura, ya que considero que solo desde esta perspectiva se puede llegar a que realmente la inclusión de las nuevas tecnologías en las escuelas sirva para contribuir a un enriquecimiento cultural. Aportando "nuestro granito de arena" que junto con otros más nos lleve de una sociedad de la información a una sociedad del conocimiento.

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