Toda Misión Diplomática es considerada de por sí una organización. Independientemente de su tamaño, en número de funcionarios, de su localización física o de su importancia estratégica para el Estado al que representa. El desarrollo y el éxito de una Embajada dependerá a su vez de su adaptación e inserción en un modelo de organización que represente la realidad del entorno en donde funciona y a su vez que aproveche al máximo los recursos disponibles tanto humanos como logísticos.
Una Embajada Moderna debe, al igual que cualquier otra organización responder a variables metodológicas que aseguren su competitividad en términos de justificación y de productividad. Como en cualquier ente productivo deben existir parámetros que justifiquen su existencia.
Creo importante, que en primer lugar se definan los objetivos de la misma, de acuerdo a los intereses globales de política exterior del país. Para ello es importante conocer hacia donde apuntan los intereses fundamentales del Estado en donde se acredita la Misión. Hay que manejar una visión hacia el contexto regional y otra hacia el contexto global. La Embajada es hoy necesariamente un ente de nuevas dimensiones. La percepción de la Misión meramente representativa queda superada. La Embajada de hoy tiene que ser efectiva y eficiente.
No puede ser diáfana una política de Estado que no tenga parámetros definidos sobre lo que realmente se busca dentro del contexto internacional. Un país como República Dominicana, por ejemplo, le ha dado mayor importancia a la captación de capitales de inversión extranjera y a la promoción del turismo. También pareciera tener como prioridad su ámbito espacial fronterizo, su condición de país caribeño y como principal socio comercial, mantener equilibradas sus relaciones con los Estados Unidos. Por igual entendemos que estas políticas, se pueden modificar de acuerdo a la dinámica de los Gobiernos y de los liderazgos de turno.
En el nuevo orden internacional, encontramos entonces, un denominador común que forma parte de los intereses de la mayoría de los Estados, éste es el fenómeno de la inserción en la economía mundial, es decir el factor económico, el cual privilegia de manera significativa y otorga prioridad razonada a la Diplomacia Económica, por sobre la tradicional meramente Política.
Una vez definidos los objetivos de la Misión, la visión de futuro de la organización es fundamental para conformar la base de los lineamientos estratégicos de política exterior que le corresponden seguir. Esto se refuerza con lo que se denomina los valores y las creencias de los individuos que conforman el cuerpo de la organización.
Es entonces donde es importante resaltar el valor que debe representar para los individuos que conforman la organización, la información, seguimiento y la creencia en los objetivos de la misma. En otras palabras, un recurso humano diplomático que no conozca los objetivos globales de su Misión no podrá ser efectivo en las tareas asignadas. La misión que la organización debe cumplir, debe ser conocida en su totalidad por todos los funcionarios Diplomáticos.
De igual manera así como es importante conocer la misión que la Embajada debe cumplir en el exterior, las normas que rigen el comportamiento de una misión diplomática será uno de los objetivos básicos del formulador de política internacional.

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