En los últimos años, se observa con nitidez una tendencia en las relaciones exteriores de las naciones la cual ya forma parte fija de los relaciones internacionales.

Esta tendencia es la proliferación de las cumbres presidenciales, concebidas como una de las expresiones en el plano multilateral del fenómeno más amplio de la denominada diplomacia presidencial la cual se entiende como: “La interacción directa, por presencia física o por otros medios, entre los jefes de Estado y de Gobierno de naciones soberanas”, que se ha manifestado en forma muy activa en las últimas décadas, sin perjuicio de su larga tradición histórica.
Esta nueva herramienta, y me refiero a ella como nueva porque su uso ha entrado en boga en la actualidad, se puede dividir en dos planos de acción, el multilateral el cual se trata del subsistema que resulta de las interacciones entre las naciones situadas en el mismo espacio geográfico por ejemplo Sudamérica, Centroamérica o el Caribe, y la multi-espacial el cual trata temas de integración y otros. Lo importante de resaltar es que estas herramientas están siendo utilizadas, no sólo en el plano de las relaciones económicas, pero también y a veces en forma más evidente, en el de las relaciones políticas y en el de la seguridad.
Como todo fenómeno internacional, el de la diplomacia presidencial multilateral y multi-espacial puede ser abordado desde distintos ángulos. Pero haré énfasis en uno de ellos. Es el de su relativa relevancia y eficacia, en función de los objetivos nacionales de países de mejorar la calidad de su inserción económica internacional y de procurar una mejor defensa de sus respectivos intereses nacionales, en particular, en cuanto a su participación real en el sistema internacional.
Todos recordamos cuando el presidente colombiano Álvaro Uribe Vélez se expreso en vísperas de la reciente IV Cumbre de Las Americas en Mar del Plata Argentina, alegando que no iría porque esas cumbres eran turísticas. En tal sentido, hay una pregunta central que todos quisiéramos nos respondan, “o al menos que nos aporten elementos para su eventual respuesta “, será la de saber si se trata sólo de un fenómeno que se inserta en el plano de la participación formal o simbólica en el sistema internacional – con sus eventuales ventajas de corto plazo en términos de diplomacia mediática, o de políticas de prestigio con efectos internos e incluso externos, favorables - o si, por el contrario, se trata de una modalidad efectiva de participación real orientada a mejorar la posición relativa de cada país en los mapas del poder mundial, de la competencia económica global y de las negociaciones comerciales internacionales.
Por mejorar la posición relativa en el sistema internacional, entendemos aquí los efectos de ampliación del margen de maniobra con el que cuenta una nación para el desarrollo de políticas externas funcionales a sus requerimientos internos indicadores concretos al respecto, son los compromisos exigibles que se logren por parte de los países que participan en estos foros presidenciales multilaterales, en relación al acceso a los respectivos mercados y, en el plano de una mayor cooperación económica y financiera, por parte de los países desarrollados o relativamente más desarrollados.
Si bien Álvaro Uribe Vélez fue el ultimo en llegar a la cumbre, lo substancial es que por alguna razón no dejo de concurrir lo que nos hace pensar que quizás no es todo paseo. Por tanto en todo esto cabe poner mayor atención, a la hora de efectuar evaluaciones de relevancia y de eficacia de cada foro concreto en los que participan los países. Pero lo importante es entender que esta modalidad ya forma parte de los mecanismos fijos de las interacciones entre los Estados.

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