Sabemos que Leonardo Da Vinci fue un gran genio, que pinto la Mona Lisa y la ultima cena, también conocemos que fue ingeniero, arquitecto y anatomista entre otras cosas. Lo imaginamos como un hombre con una personalidad abstraída, siempre meditando acerca de sus complicados experimentos. Pero no era esa su personalidad, en realidad, Leonardo, era un hombre con los pies sobre la tierra, lleno de sentido común y muy consciente, tanto del entorno que lo rodeaba, como del tiempo en que le tocaba vivir. No por coincidencia se le considera la “gran” figura del Renacimiento, período que marca el nacimiento del mundo moderno.

Cuenta la historia, que mientras Leonardo trabajaba, como Maestro de Banquetes, para Ludovico Sforza, Gobernador de Milán, observó el comportamiento del Gobernador y de sus invitados en la mesa. Leonardo luego redactó uno de los primeros catálogos sobre “Modales Y Usos En La Mesa”, donde aconsejaba:
“...Hay ciertos procederes indecorosos que debe evitar todo invitado, y para esto me baso en las observaciones que realicé a lo largo del último año.
Ningún invitado deberá poner su pierna encima de la mesa.
No tomará la comida de su vecino, sin pedirle permiso antes.
No colocará trozos de su propia comida, masticados a medias, en el plato de su vecino, sin primero preguntarle.
No pellizcará y tampoco golpeará a su vecino.
No se llevará el dedo a la nariz ni al oído mientras conversa.
No conspirará en la mesa (a no ser que lo haga con Mi Señor).
No golpeará a los sirvientes (sólo puede hacerlo en caso de defensa propia)...”
Muchos de ustedes, podrán decir: ¡eso es obvio! ¿Sí? Yo diría un poco pasado de moda, y más que obvio. Pero en realidad si todos lográramos tener la mitad de estas “cualidades” no sudáramos la gota gorda cuando en ocasiones, sentados a la mesa en una cena, en un cóctel, o en un desayuno de trabajo, luego de creer saberlo todo (desde cómo manejarnos y comportarnos, a cómo presentarnos, hasta cómo iniciar y mantener una conversación)... justo ahí, en ese preciso y exacto momento de “gran seguridad”, caemos en la “gran y cruel duda”!! Tan grande y tan cruel, que nos llega a ocupar el 65% o más del cerebro y nos deja poco prestos para hacer lo que fuimos a hacer! Entonces, elevamos nuestros ojos al cielo y, al no saber cómo comportarnos, pedimos, rogamos e imploramos… ayuda!!!! En ese momento fatídico!!!
Es para estos momentos que nos conviene saber sobre Etiqueta y Protocolo, dos palabras que aunque no nuevas, muy de moda y muy mencionadas en los últimos tiempos y, a pesar de toda esta “promoción”, muy pocos conocen su significado.
Mi padre, Horacio Vicioso Soto, gran maestro del protocolo moderno y considerado el pionero en el país, las describía de la siguiente manera:
“El protocolo codifica las reglas y normas que ayudan a organizar los actos sociales, dando a cada participante las prerrogativas, privilegios e inmunidades que les corresponden, y la etiqueta nos trata sobre como nos debemos presentar y conducir en estos actos sociales”. Qué más les puedo decir. Leonardo no estaba tan equivocado.
Miren, cuánto abarcan estas dos palabras, cuántas acciones, actitudes, formas y maneras de proceder, de llevar a cabo diferentes actos (y hablo en general, los de la vida diaria, los empresariales, los oficiales, etc.). De todos, hay dos puntos que son fundamentales: Educación y Cortesía.
Yo sé que se deben estar preguntando ¿Qué pasa con los modales? ¿Qué hago cuando recibo invitados? ¿Cómo arreglo una mesa para una ocasión importante? A todas estas preguntas yo les respondo: Educación y Cortesía. Pero mucho cuidado! No hablo de convertirnos en robots, en seres rígidos y ostentosos. Todo lo contrario. Educación y cortesía para sentirnos libres, seguros, desinhibidos, sueltos de cuerpo y de mente donde estemos, en el lugar más lujoso o comiendo un chimichurri en la calle.
Piénsenlo y van a estar de acuerdo conmigo. Van a ver que con estas herramientas, en aquella comida que hablábamos anteriormente, nuestro cerebro hubiera estado ocupándose en un 90% de lo que fuimos a hacer, además de haber dejado en las otras personas esa sensación, ese ideal placentero que es una imagen agradable. Sí, la etiqueta y el protocolo son una gran herramienta, cuando se saben utilizar, para transmitir una imagen positiva, tanto personal como institucional.
Nunca nos ocupemos diciendo: “Yo soy espontáneo”, “Yo soy así, natural”, porque de esta manera seguramente no será buena la imagen que dejemos al retirarnos. Sí, por supuesto, es genial e imprescindible ser auténtico, pero alguien dijo por ahí que: “... lo cortés, no quita lo valiente...” y yo le agregaría: “... lo cortés, no quita lo valiente y lo natural, no quita lo educado...”.
Es tan bueno y placentero, encontrar por la vida gente ubicada, amable, en fin, educada. Es tan maravilloso que nos reciban con una sonrisa. Claro, estoy totalmente de acuerdo con que el buen gusto y el refinamiento son ingénitos en cada persona, pero es tanto lo que podemos aprender de la etiqueta y el protocolo para ser mejores, para tener los pies en la tierra, para movernos en estos tiempos que nos tocan vivir y sobre todo, para tener más sentido común...

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